En el tiempo de un pestañeo, antes incluso de que pudiera darme cuenta de lo que había pasado el no-muerto se encontraba a la espalda de Castius, moviendo sus dagas a gran velocidad. Éste se giró lanzando su espada con toda la fuerza sobre su oponente que con un paso lateral la esquivó y girando alrededor de él le clavó la daga en el costado.
En aquel momento tomé conciencia de mi cuerpo, justo cuando se escuchaban como se acercaban a la puerta principal numerosas y fuertes pisadas.
El extraño se alejó de un salto mientras me arrojaba una pequeña estrella metálica y dentada. Difícil sería saber si él falló o yo lo esquivé de alguna extraña manera, pero aquella estrella se clavó en la piedra de la columna justo a la altura de mi cabeza. Me miró extrañado y con un leve chasquido se desvaneció justo cuando la puerta se abría y entraban algunos soldados de la guardia real. No debían venir por el extraño, pues se quedaron paralizados cuando vieron la escena: un Paladín de la Luz herido, sangrando y retorciéndose de dolor en el centro de la Catedral y una joven en camisón, descalza y abrazando una columna.
Uno de los guardia avanzó.
-¿Naini?
-Se desvaneció, Sam, se desvaneció, se desvaneció- repetía mientras miraba el lugar donde hacía un momento se agazapaba el no-muerto.
Sam comprendió en un segundo todo lo que había pasado.
-Real, llama a Shaina, dile que traiga contravenenos. Mile, da la alarma y vosotros, peinad la Catedral, parece que tenemos…un pícaro- me miró y me agarró de un brazo – Vamos, Naini, debo llevarte de vuelta al orfanato. Ya pasó todo, ya pasó, no temas.
Pero no estaba asustada. Repetía en mi mente lo que acababa de ver. Nunca había visto a alguien luchar de aquella manera. Cuando algunos de mis compañeros decidieron unirse a la lucha los había visto entrenar, con sus espadas, con su fuerza. Había visto el entrenamiento de las artes de la Luz en la Academia de la Catedral. Pero jamás antes había visto nada parecido a aquello.
-¿Qué era, Naini?- preguntó Sam, mientras cruzaban la plaza.
-¿Qué?
-¿Lo que os atacó? ¿Era humano?
-No creo que eso pudiera ser humano, por lo que puedo llegar a intuir era un no-muerto.
-Ya veo- quedó pensativo un momento –Hoy no llevéis a los pequeños de paseo. Las cosas estarán revueltas por la ciudad. No daré la alarma general, de momento sólo parece haber una de esas… ratas- un sentimiento de ira manchó aquellas palabras- Aún así te aviso a ti.
-Sam… ¿un pícaro? Nunca había visto nada igual.
Sam debió de notar el tono de admiración que había en mi voz..
-No debería asombrarte así. Es cierto que no los habrás visto y aunque hay algunos entre las filas de la Alianza casi nunca sabrás quien es uno de ellos a menos que haya alguno en la hermandad a la que pertenezcas, suelen pasar por comerciantes o viajeros. O tal vez, los hayas visto con las caras cubiertas por sus máscaras de cuero. No son gente de fiar. Suelen ser mercenarios por cuenta propia. Pertenecen a sociedades secretas… no se. No son buena compañía.
-No. Es más bien su forma de moverse, de luchar, lo que me ha sorprendido. Nunca…
-¡Shellene!- Llamó Sam, cortando la conversación.
Frente a ellos una mujer rubia y entrada en años, en bata y con cara de preocupación nos miraba desde la puerta, en lo alto de las escaleras.
-¡Naini!-llamó Shellene-¿se puede saber que ha pasado?
-Bueno, yo me voy. Ya sabes nada de salir. Hasta luego Shellene- se despidió Sam.
Por la Plaza ya se veía un número cada vez mayor de guardias.
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